¡Bienvenidos al hospital Hanami Dango, queridos pacientes! Para su tratamiento de esta semana les venimos a recomendar Give my regards to Black Jack. Este es el primer manga que publica la joven SEKAI Editorial, que apuesta por una obra que no deja títere con cabeza en el sistema sanitario japonés.

Cabe destacar que, al igual que otros mangas como Berserk o La ciudad al atardecer. El país de los cerezos, este manga ya nos llegó a través de la extinta filial española de Glénat. En ese entonces, se publicó con el título Say hello to Black Jack. El cambio en el nombre de la obra se debe a petición propia del autor, como confirmaría SEKAI en el podcast Base Otaku.

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Título: Give my regards to Black Jack (Black Jack ni Yoroshiku).
Autor: Shuho Sato.
Editorial: SEKAI Editorial.
Traductor: Juan Carlos Rubio.
Géneros: drama.
Volúmenes: 2 de 13 (obra terminada).
Precio: 8,00 €/volumen.

8000 personas. Cada año se licencian 8000 personas en las 81 facultades de medicina que hay en Japón. ¡De entre esas 8000 personas, vosotros 80 sois la auténtica élite! ¡El futuro médico de Japón está en vuestras manos!

Es con este discurso de graduación grandilocuente que comienza Give my regards to Black Jack. Nuestro protagonista, Eijiro Saito, es una de estas 80 personas que se han graduado en la prestigiosa Universidad Eiroku. Ha empezado su periodo como médico interno en el hospital asociado a la universidad y él está orgulloso de la labor que realiza, hasta el punto de presumir de que … ¿solo duerme dos horas al día?

Solo con este detalle, que ocurre en la quinta página del primer capítulo, ya se nos deja muy claro el tema sobre el que orbita el manga: la verdad tras el sistema sanitario japonés. Japón puede enorgullecerse de tener uno de los sistemas sanitarios mejor valorados dentro de los países más desarrollados, especialmente en la época en que empezó a publicarse este manga. Una prueba de ello es que el país nipón tiene la mayor esperanza de vida del mundo. Pese a esto, todo el mundo tiene porquería escondida debajo de la alfombra, y esta no es una excepción. Shuho Sato opta por no cortarse un pelo y va a donde duele con esta crítica a la corrupción idiosincrática de la sanidad.

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Trabaja y no pienses.

Sin salirnos del capítulo inicial, vemos cómo Saito, al no poder subsistir con el sueldo de sus prácticas de interno, tiene que hacer horas extra en un hospital privado. Allí trabajará en el servicio de emergencias, donde descubre que el hospital solo atiende las emergencias producidas por accidentes de tráfico. Esto se debe a que, al cubrir los gastos el seguro del coche y no el de salud, pueden negociar el dinero que cobran por cada cosa que realizan. Y, como si eso fuera poco, verá cómo, en una de las noches, se le encarga hacerse cargo solo de las emergencias pese a su escasa experiencia profesional.

La sanidad privada no es la única que recibe en este manga. Más allá de la clara explotación de sus interinos, que podemos ver desde el principio, la obra en sus dos primeros volúmenes nos muestra el poder de los hospitales universitarios. Toda la estructura se basa en la figura de los catedráticos, personalidades académicas que dan un gran prestigio, aunque resulten pura fachada. Los pacientes (o sus familiares) dan grandes sumas de dinero al hospital para que dichos catedráticos se encarguen de sus casos. La verdad es que, después, dichos médicos de renombre casi ni se pasan por el quirófano y solo lo hacen para mantener su estatus.

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Peloteo en su máxima expresión.

Aun así, dicho estatus es suficiente como para que el resto de médicos les laman las botas en búsqueda de conseguir un mejor puesto. Todo esto en búsqueda de salir del embotellamiento que se produce por la alta cantidad de médicos que hay en los hospitales universitarios. Además, hay que sumar la red de influencias que tienen estos centros en una gran cantidad de hospitales y clínicas. En otras palabras, salirte de esta estructura de poder casi garantiza el fin de tu carrera profesional.

Es esto por lo que, durante su trabajo, Saito se encontrará con varios grandes profesionales de la medicina, tanto médicos como enfermeras, que han visto sus expectativas rotas o su ética profesional se ha corrompido por el poder de este sistema. Es con estos encontronazos que nuestro protagonista va formando su ideal de lo que significa ser médico y el cómo va a actuar en los conflictos que surgen en el Hospital Eiroku.

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La pregunta que define al manga.

Eijiro Saito puede funcionar como un reflejo del lector en lo que respecta a descubrir los trapos sucios y la actitud que toma frente a ellos, pero solo nos quedaríamos en la superficie con eso. Su actitud (y su cara) de buenazo hacen que le cueste soportar la situación de primeras. Todavía le queda mucho por aprender y no está libre de errores, pero es a través de cómo los confronta que avanza paso a paso. Claramente, es un arquetipo de personaje que encaja como un guante en este tipo de obra, pero, con todo lo que queda por delante, su evolución promete bastante.

Respecto al dibujo de Shuho Sato, no se puede negar el gran nivel que tiene, lo que sorprende sabiendo que Give my regards to Black Jack es su segundo manga serializado y el primero que guioniza además de dibujar. Su estilo realista y detallado encaja muy bien con el tono serio de la obra y, para los momentos a los que quiere dar mayor dramatismo, opta por aumentar el número de trazos.

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Quizá la excepción a esto sean las caras o, más bien, las expresiones faciales, que suele caricaturizar en ocasiones para generar algún momento de alivio cómico. Estas expresiones más cómicas pueden resultas más o menos graciosas según el lector, pero ayudan al mangaka a relajar la tensión de los capítulos. Además, en muchos primeros planos de caras, suele haber una ausencia de fondos en las viñetas. Es una decisión artística que queda muy bien en algunos momentos, pero que, por lo general, se siente más como que el mangaka ha priorizado otros aspectos del dibujo.

En resumidas cuentas, Give my regards to Black Jack es probablemente un obligado para todo aquel que pueda disfrutar de las obras en las que un protagonista se sublevaba contra el sistema establecido. Una crítica social muy disfrutable que te mantendrá con el interés de cómo su protagonista lucha por mantener su integridad como médico.

Y, vosotros, ¿os rendiríais ante el sistema?

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